32.
El penthouse de Alejandro es mucho más impresionante de lo que imaginaba, todo estaba perfectamente pulcro y en orden casi a un nivel compulsivo.
Y lo más impactante eran los ventanales en la sala de estar que mostraban todo el resplandor del cielo nocturno y las luces de una ciudad que nunca duerme.
— No voy a dormir contigo aquí. — Fue lo primero que dije al ver la habitación. — ¿Qué rayos con toda esta decoración cursi?
Pétalos de rosas en un camino que iba hacia la cama, chocolates, globos y