Oh Dios, cómo quería sentir sus labios en los míos. Pero sabía que si eso ocurría, estaría jodido. Sería mi fin. Hacía siglos que apenas habíamos ensayado un beso y yo había fingido para mis adentros que nunca había sucedido porque no tendría fuerzas para seguir si probaba la boca de Chuchu de verdad.
Volví su hombro hacia mi boca, lamiendo y chupando mientras sentía cómo mi mujer me masturbaba torpemente. Apoyé allí la cabeza, respirando contra su cuello, sin contener una sonrisa. No era buen