- ¡No sé si mi padre estaba mirando! - sonrió, desconfiada.
- Pensándolo bien - di unos pasos hacia el fondo - creo que lo lanzaré allí.
- Moriremos los dos, porque no lo dejaría ir bajo ninguna circunstancia. - Ella lo dijo. Y no me cabía duda de que si decía que me llevaría con ella, lo haría.
- Relájate, Chuchu. - Sonreí y besé su hombro, bajando un poco mi cuerpo y haciendo que ella se hundiera un poco más, abrazándola con firmeza.
- ¿Y los médicos no pudieron curar a tu madre? ¿Tu padre qu