- No puedo mentir. No me importas. - fue mi seca respuesta, mientras la abrazaba y sentía su respiración acelerarse, nuestros cuerpos totalmente unidos, como si fueran uno solo, mecidos por el movimiento del agua.
- Vale, si no te importa, mereces saber sólo lo básico: nací de una prostituta que tuvo una aventura con un hombre casado. Cuando ella murió, este hombre se hizo una prueba de ADN e impidió que su hija fuera a un centro de acogida, donde seguramente sería adoptada o pasaría su vida al