El silencio que envolvía la mansión Laurent al caer la tarde me regaló unos minutos para pensar. Me detuve frente al espejo del vestidor y comprendí que aquella noche no podía permitirme vestir como la mujer que Brandon había aprendido a ignorar. Cada detalle debía hablar antes que yo.
Elegí un vestido largo de seda color verde esmeralda. La tela descendía con naturalidad hasta rozar el suelo, dibujando mi figura sin necesidad de excesos. Los finos tirantes dejaban los hombros al descubierto y