Las horas en esta habitación tan lúgubre parecen no correr. Me he mantenido despierta no sé por cuánto tiempo, con el fin de estar lista para cuando esa cosa inmunda regrese, pero hasta el momento no ha habido ni una sola señal de su presencia. Es como si se hubiese esfumado o, mejor aún, como si la tierra se lo hubiese tragado.
Esa mujer, de cabello rojizo y llamada Vanda, me ha traído comida y agua, al igual que ropa limpia. Por más desconfianza que quiera sentir a causa de su afabilidad, una