La víbora era lo que menos me causaba terror, era ese siseo incontrolable que delataba un peligro desconocido e inminente frente a mí. No podía moverme y ese hecho me hacía sentir inútil y mucho más miedo.
—No te metas en mis asuntos, Rea.
Esa voz... es él, no me cabe ni la menor duda de que es ese monstruo infame, pero ¿qué hace en mi sueño? Ni siquiera dormida logro librarme de esa cosa.
—No lo permitiré. No estás pensando con lucidez. Si vas a enfrentarte con alguien, que sea conmigo.
Esa au