Me sentía fatal intentar besarla y ella no me correspondía como lo más profundo de mí lo esperaba, pero ¿y si no sabe hacerlo? Quizás deba guiarla e ir a paso lento. La tomé con suavidad del cuello, profundizando un beso con movimientos pausados y calmos, guiando sus labios que parecían congelados y poco a poco su rigidez fue desapareciendo.
Un suspiro se me escapó, porque lo que yo quería era besarla con la misma intensidad en la que me había hecho venir hace unos días. El recuerdo en mi mente