La cálida burbuja de la velada se había desinflado por completo, dejando un silencio cargado en la habitación apenas amueblada. Isabella se había acercado silenciosamente a Jacob, poniéndole una mano tranquilizadora en el brazo, mientras Owen observaba, con el estómago hecho un nudo, cada microexpresión que cruzaba el rostro de su pareja.
Jacob se levantó, el teléfono aún apretado en su mano.
—Tengo que llamarla, de seguro debe de estar de los nervios...—murmuró, buscando un poco de privacidad