Marina
La odio, odio a la lagartona de Renata.
Odio tener que bajar la cabeza cuándo me humilla.
Odio no tener voz…
Estoy sentada en mi habitación, abrazando mis rodillas contra el pecho. La humillación todavía me arde en la piel.
He soportado muchas cosas desde que llegué aquí, pero que Renata me tratara como si fuera basura, que me hunda cada vez con sus comentarios y sus peticiones estúpidas mientras Salvador no hacía nada me caló hondo.
Lo hace porque creí que ya había superado eso, creí