Escuché el sonido de tacones altos y conversación y al poco tiempo entró en la habitación una mujer que fue precedida por su fuerte perfume caro y la mucama, tratando de justificar que no esperaba que la anunciaran.
- Está bien, Clelia... - Le advertí. -Puedes dejarme decidir . – Clélia se fue y le pregunté: - ¿Te puedo ayudar?
- ¿Lo es? - ella preguntó.
- Lu? – pregunté tratando de no ser irónico. - Bueno, le haré saber que...
- No hace falta que avises, puedes dejar que te quiero sorprender.