Capítulo 7.
Drago:
Mis nudillos dolían pero quería seguir golpeando al hijo de puta frente a mi, su rostro estaba lleno de sangre y moretones, el hijo de puta caía una y otra vez al suelo pero mis hombres se encargaban de levantarlo, el sabe cómo cobro las traiciones.
Terminé de golpearlo, tomé un pañuelo para limpiar la sangre de mis nudillos y parte del rostro, me senté frente a el y tomé mi arma.
—Me decepcionas querido Otto, recuerdo hace dos años cuando entraste a trabajar aquí con ganas de comerte el