[DANA]
A treinta y cuatro minutos de nuestro destino, Max aparta su cabeza de mi hombro, mira por la ventana y deja escapar un sonoro suspiro.
—¿Sucede algo? —inquiero.
Max me mira de soslayo y niega.
—¡Vaaamos! —hago un puchero y toco su hombro repetidas veces para llamar su atención—. Cuéntale a la tía Dana lo que te acontece.
Sonríe, da media vuelta en el asiento, me revuelve el cabello y me abraza, con mi espalda pegada a su pecho. Deja un beso en mi sien y vuelve a suspirar.
—¿Se supone qu