—Espera… ¿qué?—
Axel abrió los ojos con sorpresa y miró a Dan, mientras sostenía a mi bebé en brazos.
Comencé a perder la paciencia; mis lágrimas corrían en cascada.
—¿Qué…?— preguntó Sam, casi tan preocupada como yo. —¿Qué? ¡Digan algo!—
—¿Tú lo sabías?— inquirió Axel, señalando a Daniel.
—Pues claro.— Sonrió con orgullo. —Soy el papá. Me sorprende que tú no lo hayas notado.
—¡Qué!— grité, desesperada por no obtener respuesta.
—Son dos, amor… así que, como la vez pasada, puja…—
¡¿Dos?