[DANA]
—¡Listo! ¡Benvenuta, ragazza!—
Miro a mi alrededor. De aquel apartamento en el que vivíamos con Ángel ya no quedan más que recuerdos. El lugar ahora se siente un poco ajeno, pero cálido, cómodo.
Es ameno.
Las paredes están pintadas de beige, del techo cuelgan decenas de globos de diferentes colores y los sillones han sido forrados con nuevas fundas. Un enorme letrero con la palabra Benvenuta adorna el minibar, y en las paredes hay muchas pinturas vanguardistas que jamás imaginé tener en