Scarlett Valenti.
La sala de reuniones del Di'Marco Health Institute era un espacio imponente, diseñado para intimidar incluso a los profesionales más experimentados.
Una enorme mesa de madera oscura ocupaba el centro, rodeada de sillas de cuero que parecían absorber la luz en lugar de reflejarla. Las paredes estaban cubiertas de pantallas digitales y pizarras blancas, listas para ser llenadas con diagramas, gráficas y diagnósticos. Y en el frente, como un tribunal que esperaba sentencia, esta