Scarlett Valenti.
No sé durante cuánto tiempo estuvimos allí, de pie junto al enorme ventanal, observando el exterior. Solo sé que esa desagradable sensación de desconfianza me quemaba en el pecho como una brasa que se negaba a apagarse. Podía sentir la presencia de Smith a mi lado como una sombra que se extendía más allá de lo que mis ojos podían ver, y cada segundo que pasaba sin que ninguno de los dos hablara solo aumentaba la tensión que se acumulaba en el aire.
El suspiro de Smith provocó