Scarlett Valenti.
Las palabras de Smith seguían resonando en mi cabeza como un eco que se negaba a desvanecerse.
«Acabar con Mohamed Haddad. Librar a mi familia de la amenaza de esos árabes de mierda.» Había dicho que no permitiría que nadie se interpusiera en su camino. Y yo, por alguna razón, no podía quitarme esa sensación de que sus intenciones iban más allá de lo que sus palabras expresaban.
Mientras caminaba hacia el área de la piscina, sentía cómo la desconfianza se acumulaba en mi pech