Scarlett Valenti.
El corazón me latía desenfrenado, como si hubiera olvidado su ritmo natural y estuviera intentando encontrar uno nuevo en medio del caos. Las manos me sudaban, y un desagradable nudo comenzaba a instalarse en mi garganta, apretando con cada palabra que salía de los labios de la mujer que tenía frente a mí.
Stella sonrió con una arrogancia que conocía demasiado bien. Sus brazos estaban cruzados sobre el pecho, su postura era de una superioridad ensayada, como si hubiera estado