Scarlett Valenti.
Las palabras de Stella me golpearon con la misma fuerza que lo hubiese hecho un golpe físico. Un puñetazo fantasma directo al centro del pecho que me robó el aire de los pulmones.
Sentí cómo el dolor se extendía por mi cuerpo como si se moviera por mi sistema circulatorio. Cada sílaba de su acusación se clavaba en mi piel como una aguja caliente.
Mis ojos comenzaron a arder. Las lágrimas se acumularon tras de mis párpados, amenazando con desbordarse, pero me negué a dejarlas