El mes de marzo llegó envuelto en un aire frío y cargado de promesas de tormenta.
En la pequeña casa de Grazalema, la tensión era palpable. Alejandro tenía poco más de un mes de vida y era un bebé tranquilo, de grandes ojos oscuros y cabello negro como el de su padre. Magdalena lo alimentaba con devoción mientras su cuerpo se recuperaba lentamente del parto.
Rafael había recuperado casi por completo la fuerza en el brazo. Entrenaba cada mañana con Mateo en el patio trasero, practicando tiro y c