Habían pasado ciento diez años desde la muerte de Doña Magdalena.
La Hacienda Los Olivos ya no era solo un lugar histórico. Se había convertido en un santuario. La cúpula de cristal que protegía el viejo olivo milenario ahora estaba rodeada de un pequeño jardín de rosas blancas y lavanda que los visitantes dejaban como ofrenda.
Era una mañana tranquila de otoño cuando Isabel de la Torre, bisnieta de Magdalena Valeria, llegó a la hacienda. Tenía treinta y cuatro años y era la última persona de l