68. Confundida y aturdida
Adara
Mi loba estaba angustiada, pero por alguna razón no podía despertarme.
«¿Estás bien?» le pregunté a mi loba quien se escondía y era difícil captar sus lamentos.
«¡Aroa!» grité con todas mis fuerzas.
Quería despertar, pero algo me lo impedía.
Comencé a sentirme angustiada.
«Aroa, el bebé» sollocé asustada en la oscuridad en la que me encontraba.
Intenté mucho, mucho volver a mis sentidos, empezó con pequeñas cosas como el tacto. Sentí en mis dedos una especie de alfombra rustica y raspaba