— ¡Vaya! Al fin recuerdas que tienes casa. — la voz sarcástica me saca una maldición y hace que el niño calle su sollozo. Intuitivamente se aprieta a mis brazos.
《 Vinieron por fin... 》
En ningún momento sentí su presencia a mis espaldas y me altera aún más el que allá oído lo que le dije. Ya que independientemente del idioma los miembros de mi familia aprenden desde muy corta edad a entender y hablan varias lenguas extranjeras, entre ellas el ruso.
《 ¡Al carajo! 》
Me giró con la misma cara qu