ENZO
Vuelvo con la rabia latiendo en mis venas, el recuerdo de las llamas de ese mocoso, Aidan, quemándome la mente como un insulto. Se escapó. Un intento de lobo insolente que osa arder bajo el sol y desafiarme. ¿Cree que puede huir de mí? Patético. No hay rincón en este mundo que me oculte lo que es mío.
Mi dominio me espera, un imperio de sombras y sangre que doblego con un chasquido.
Mi granja. Mi trono.
Que tiemble quien ose cruzarme.
El sendero se retuerce entre colinas áridas, un laberin