LOIS
Lo primero que hice fue abrir los ojos, dándome cuenta que demasiadas personas me estaban mirando, rodeándome, era extraño, tener tanta atención era muy incómodo, sentí un huracán de dudas que me invadieron, pero no eran mías.
La mirada más fuerte era la del Alfa Joseph. Me quemaba la piel.
—Apártense. Si ya despertó, déjennos a solas.—Ese era Ezequiel.
¡Estaban todos en mi habitación!
No puedo creer, ¡qué vergüenza!
El rostro asustado de papá se acercó a mí, dejando un beso en mi mano, to