Débil

AIDAN

—¿Aquí vives?

—Justo aquí.

—Creí que tendrías otro espacio más…extravagante.

—¿Por qué? Ser el hijo del director no me da beneficios, al contrario, me los quita.

No sé cómo fue que llegamos aquí, pero ella no se despegó de mi‚ hasta aceptar traerla aquí. Era muy molestosa, insistente y todo un fastidio.

Le mostré mi habitación, para suerte mía papá no estaba o no dejaría que Viviana se quedara.

¿Por qué me importaba lo que pensara él?

La costumbre.

Comenzó a desnudarse y con su cuerpo en pelotas se paseó por mi habitación.

Se acomodó en mi cama, como si fuera a dormir allí.

—Estoy cansada. ¿Vienes a la cama? Es una lástima que la fiesta no pudiéramos disfrutarla.

—Viviana, vamos muy rápido.—esto me haría quedar como un bobo, lo sé, pero ya ella tenía esa imagen de mí de todos modos.—¿Y si te vas a dormir a tu habitación?

—Desde que terminemos aquí, te juro que me iré. Primero—separó sus piernas, invitándome hacia ellas.—ven aquí.

No podía, si tenía sexo con Viviana, ella podría
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