La puerta de la oficina estaba abierta. Todos vieron lo que pasó. Pero, aunque se hacían una idea, nadie se animó a decir nada. El silencio era total.
La mirada de Jeison no indicaba nada bueno. No salió tras ella, solo se dejó caer en el sofá y cansado apoyó la mano en la frente.
Él era el director del bufete y, Zinnia, como subordinada, había mostrado una mala actitud y metido sus problemas personales en el trabajo. Por eso estaba molesto.
La compañera que me contaba estos chismes solo quería