Liam suspiró y continuó diciendo.
—Sí… intenté convencerla, pero fue muy firme. Dijo que iba a buscar a su esposo, así que terminé aceptando.
La cara de Jeison parecía salida del infierno. Sus ojos estaban desbordados de ira y le sobresalían las venas de la mano con la que tenía agarrado el celular.
De la nada, preguntó entre risas.
—¿Y desde cuándo tiene otro esposo?
Liam se quedó sin palabras.
—¿Cómo pudiste aceptar su renuncia? ¡Yo soy el responsable! ¡Toda renuncia debe pasar por mí! —Jeison