A la mañana siguiente, la luz del sol se derramó a través de las ventanas agrietadas mientras Álex abrió la puerta de su clínica.
Sus ojos se entrecerraron bruscamente ante la vista—una figura golpeada y ensangrentada yacía inconsciente en su puerta.
El pulso de Álex se aceleró mientras se arrodilló junto al hombre, volteándolo gentilmente, solo para quedarse mirando con incredulidad.
—¿Jaxon Creed? —murmuró Álex, el asombro oscureciendo sus facciones—. ¿Qué demonios te pasó?
Estudió el rostro m