Álex estaba sentado justo en el borde de la azotea, con las piernas colgando sobre el precipicio, una copa de vino medio vacía descansando en su mano.
Solo, muy por encima de la ciudad dormida, se perdía en sus pensamientos mientras la noche lo envolvía.
La luna colgaba baja, proyectando sombras plateadas que danzaban sobre el concreto a su lado.
Muy abajo, los indigentes se acurrucaban alrededor de pequeñas fogatas, sus risas y charlas flotando débilmente hacia arriba.
Aún con todas sus penuria