Después de que el feroz caos de la batalla se calmó, Álex regresó a la clínica justo cuando las sombras de medianoche se extendían por el pequeño edificio, pero sus luces brillaban como un faro contra la oscuridad.
Empujando la puerta, Álex vislumbró a Sofía Lancaster.
Por una vez, su usual comportamiento helado se derritió en risa cálida mientras charlaba cómodamente con Josefina.
Era una vista extraña, inquietante pero fascinante.
Josefina lo notó primero y se levantó rápidamente, su rostro il