Luther caminó furioso hacia el lugar donde había acordado encontrarse con su padre, pero lo que vio ahí lo detuvo en seco. David estaba de la mano con Ophelia, la vista quemando furia profundo en el alma de Luther. Rabia surgió por él; esta mujer había robado el corazón de su padre, desechando a su madre como si no fuera nada. Como hijo, su deber era claro: proteger a su madre de la traición catastrófica de David.
—¡Padre! —la voz de Luther tembló de incredulidad y angustia, ojos rebosando lágri