Jasper no era un gran luchador, pero una sola mirada a Álex, enroscado como una pantera a punto de atacar, le dijo que el hombre era peligroso, por lo que lamiéndose los labios, forzó una sonrisa temblorosa y dio un paso atrás.
—¿Sabes qué? —preguntó—. Esta ya no es la era de los guerreros, ya pasaron los días de dejar que nuestros puños hablen por nosotros. Los tiempos han cambiado, y deberías saberlo.
Álex levantó una ceja. —¿Oh, en serio? Ilumíname, ¿qué ha cambiado?
Jasper no respondió. En c