68. PLANES SINIESTROS
NARRADORA
Eldora asintió y caminó en dirección al despacho del Amo.
El calor siempre era asfixiante. Como un dragón de fuego, él disfrutaba de este ambiente, pero Eldora anhelaba subir a tomar el aire en la superficie.
Aquí se aburría. ¿Cuál era su propósito?
Al tocar la puerta de obsidiana, una voz baja y firme la mandó a pasar.
—Amo, aquí estoy —le dijo con respeto, cerrando la puerta y bajando la cabeza.
En sus ojos aparecieron las botas lustradas del dragón.
—Mi pequeña Eldora, hasta aquí