63. ULRIC
LORIEN
Un dolor sordo rugía en mi pecho, pero me obligué a acallarlo.
—¿Estás segura? Mire bien —se detuvo incluso, creo que hasta se olvidó de su mujer. Su expresión, cada vez más seria y ansiosa.
—Sss... sí...
—Vamos ahora mismo a comprobarlo…
—¡No! Debo ir con mi cachorro.
—La guardia custodia la pensión. Puede estar segura de que es el lugar más resguardado de la manada en estos momentos —me aseguró, dando órdenes a sus hombres, quitándose la pesada armadura y haciéndome seguirlo