64. DE NUEVO EN TUS BRAZOS
LORIEN
No importaba cuánto luchara por escapar, escuchaba sus patas siempre pisándome los talones, su respiración en mi nuca, su enorme cuerpo a punto de saltar sobre mí.
Y precisamente eso hizo.
Cuando salí a un campo de labranza lleno de enormes fajos de heno enrollado, creí poder esconderme.
Solo fui una ilusa. Repentinamente, escuché su gruñido enojado y su enorme cabeza me empujó hacia adelante en la carrera.
Caí de bruces sobre la suave paja que amortiguó cualquier golpe. Luché por escala