28. CONSPIRACIONES
LORIEN
Sus labios ardientes dejaban besitos sobre la copa del vestido.
Jadeos temblorosos de placer se me escaparon al sentir el tirón del escote hacia abajo, mis pechos alzados, desnudos, acariciados por la fría brisa de la noche.
—Mmm… — me estremecí por la lujuriosa succión sobre el pezón.
Ocultos en un callejón, a oscuras, con gemidos silenciosos, el príncipe se encorvaba sobre mi cuerpo pegado a la pared, devorando lascivamente mis senos.
Los chupaba y amasaba, los llevaba a su boca y se l