21. TENGO TANTO FRÍO
DAMON/GREGORY
Mi corazón me decía que no era la loba que conocía.
No me podía mover mientras ella me observaba de una manera abrumadora, subiendo por mi pecho, entre mis brazos, flotando como una ninfa en el agua.
Sus dos manos acariciaron mi rostro dañado, pero no mostró asco ni incomodidad mientras se inclinaba poco a poco.
No la detuve, no podía, me olvidé hasta de mover mis pies para mantenernos a flote.
El tiempo pareció congelarse dentro de esas aguas cuando su lengua lamió seductora los