48. Era el día
~Ivette~
Ya no podía verlo igual. Simplemente no me salía. Mi cabeza no paraba de dar vueltas después de haber tocado... eso. ¡Dios mío! Todo este tiempo estuve sintiendo ese bulto y juraba que era el cinturón, ¿pero cómo iba yo a saber que el animal este cargaba semejante garrote? ¡Y tres veces! Tres veces me lo restregó sin que yo me diera cuenta de lo perverso que era.
Iba ahí, al volante, tan campante como si nada hubiera pasado, con la vista clavada en la carretera. No habíamos soltado ni