134. Turbio descubrimiento.
~Ivette~
Me parecía un extremo tener que desplazarme en silla de ruedas solo por el desmayo de ayer, pero mi esposo insistió tanto que no pude seguir negándome a sus cuidados. Tal como esperaba, las reacciones de mi madre y mi abuela al verme entrar en la sala fueron alarmantes.
—¿Qué te pasó, mi niña? —Mi abuela se cubrió la boca, horrorizada—. ¿Por qué vienes así?
Mi madre se incorporó en la camilla con dificultad, mirándome con la misma angustia.
—Ivette... —Su voz sonaba demasiado débil—.