“¿Están… las cosas bien entre Lucian y tú?” preguntó Sofía suavemente, con las rodillas besando el suelo de la sala. Con una caja de velas aromáticas en el regazo, encendió con cuidado la siguiente, dejando que la llama cobrara vida.
Domenico estaba repantingado en el sofá, con la camisa completamente desabotonada, exponiendo los tatuajes que cubrían parte de su cuerpo, desde el pecho hasta el abdomen.
Sus ojos recorrieron el cuerpo de ella, asimilando su pequeña estatura y la forma en que sus