“Hm…” El gemido bajo de Aria resonó a través de las paredes de piedra, ronco, como si su garganta hubiera sido raspada en carne viva.
Su cráneo palpitaba, golpeando violentamente como si lo estuvieran azotando con un mazo. Sus extremidades se sentían pesadas y su boca estaba seca.
“J-joder”, articuló, con los labios agrietados mientras respiraba suavemente.
El suelo bajo ella era de piedra y se clavaba en su piel desnuda. Tenía las muñecas tiradas hacia arriba, por encima de su cabeza, atadas f