“Hmmm…”. Un gemido bajo y gutural brotó de lo más profundo de su pecho, vibrando en el espacio confinado del automóvil.
Su mano se disparó en un instante, con los dedos cerrándose alrededor de la delicada medida de su garganta. El agarre no era doloroso, pero sí firme y cargado de un calor que hizo que a ella le faltara el aliento en los pulmones.
“Ugh…”. Ella soltó un jadeo agudo, una ráfaga de aire que se mezcló con la pesada tensión del ambiente.
La otra mano de él se movió con la misma rapi