Gianni estaba junto a la ventana de su sala, con los ojos pegados a las puertas de hierro del exterior.
El sonido del reloj de pie marcaba los segundos con una intensidad creciente, como si estuviera contando hacia atrás algo inevitable.
Cada latido se hundía más en su cráneo, acompasándose con el peso enfermizo y aplastante que se había alojado en su pecho.
Debió haber pensado en las consecuencias antes de aceptar la propuesta de Rafael. Quizás debió ser un mejor padre. Debió haber escondido a