“Yo elijo qué te hago. Yo elijo el ritmo, yo elijo el cómo, porque siempre voy a tener el control de todo, de ti”. Finalmente se apartó, aunque su mirada nunca abandonó la de ella.
El pecho de Aria subía y bajaba levemente, recuperando por fin el aliento. Quizás por un momento pensó que podría dominar a este hombre tan poderoso, pero ahora se daba cuenta de que él podía consumirla.
Incluso ante sus confesiones de poseerla totalmente, su centro latía aún más, completamente subyugada por su encan