“¡Oh, sé muy bien que no querrías joderme la paciencia! ¡Traigan a Camilla y a ese bebé ahora mismo!”
Rafael lanzó su vaso al suelo. Se hizo añicos ruidosamente, los cristales deslizándose por el mármol. El sonido resonó en la habitación, aumentando la atmósfera ya de por sí tensa.
Había hecho que todas las empleadas domésticas se alinearan ante él, junto con sus hombres. Ellas tenían las cabezas bajas y los hombros temblorosos, mientras los hombres permanecían detrás con la confusión plasmada