Mi piel, extrañamente ardía ante su tacto.
Pensé que en todo este tiempo mi cuerpo había dejado de reaccionar ante su tacto, ardía tanto que quería alejarme de aquella llama extraña sensación.
—Basta —Lo empujo.
Me odiaba muchísimo por sentir lo mismo, porque este sentimiento seguía intacto en mí.
—Me voy — espeté.
Casi que corrí hacia la puerta de la oficina de Aleksander, sintiéndome asfixiada.
—¡Espera! —Aleksander me toma del brazo—. ¡Mierda! ¡Lo siento! Sé que te lastime, no pensé en