CAPÍTULO 244 — El anillo que se perdió… y la vida que llegó (Continuación)
Se sentaron a cenar, intentando disfrutar lo que habían preparado. Las risas eran suaves, pero las miradas nerviosas delataban todo lo que ninguno de los dos se animaba a decir en voz alta. Milagros apenas probaba la comida; Ayden hablaba más de lo habitual, como si el sonido de su propia voz pudiera espantar la ansiedad que flotaba en cada rincón del departamento.
De pronto, el timbre sonó.
Mía se levantó enseguida. C