CAPÍTULO — “SIN MIEDO, POR PRIMERA VEZ”
El silencio del hotel no era un silencio común; no se parecía al de una habitación vacía ni al de una madrugada sin ruido, sino a uno cargado de memoria, de respiraciones contenidas y de todo aquello que todavía no se había dicho, ese tipo de silencio que no pesa sino que vibra, que se instala obligado entre dos personas que ya no pueden huir pero todavía no se animan del todo a quedarse.
Ayden la observaba desde la cama no como el hombre que había sid